HISTORIAS DE FLORENCIO VARELA

Recordamos al


Dr. Salvador Sallarés

 

Archivo fotográfico Hugo Morbelli

Nació en la ciudad de La Paz, provincia de Entre Ríos, un día 30 de julio de 1883. Al terminar sus estudios primarios en los pagos de Urquiza, se trasladó a Buenos Aires y cursó el secundario en el colegio San José de Capital Federal, más tarde obtuvo el título de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires. Recién recibido se instaló en esta zona, traído por un vecino, el señor Amador Villa Abrialle, para no alejarse nunca más. La biografía de Sallarés dice que supo ser un médico de fuerte vocación de servicio, un profesional sin horarios pero además un gran hombre capaz de entregar todo por sus semejantes. Varela lo vio y lo vivió siempre generoso, incansable, valiente, desinteresado, afrontando incomodidades, desafiando las inclemencias del tiempo, aún a costa de su salud, luchando y luchando siempre, constantemente impulsado por un incontenible sentimiento de amor al prójimo y de comprensión solidaria, sin discriminaciones de credos políticos, razas, religión, condiciones sociales "palabras de su colega, doctor Líbio Mandirola", que pintan un fiel y justo retrato de aquel. Salvador Sallarés fue también un amante de la política; según recuerdan los pobladores de aquella época.
Salvador Sallarés Nicolás González entre otros
Fue un auténtico caudillo de la región. Se sumó al dogma político de la Unión Cívica Radical, de extracción Irigoyenista y lo sostuvo hasta su muerte. Resultó electo presidente del Concejo Deliberante Municipal y del Consejo Escolar por varios períodos, ocupó una banca de la Legislatura Provincial y fue Convencional Nacional y Provincial de la U.C.R., presidiendo también el Comité Local. Brindó cincuenta años de una generosa tarea, podemos decir que, quizás sin proponérselo, logró ser uno de los grandes de la historia varelense. Su tarea habitual consistía en atender el consultorio por la mañana, hacer su tradicional siesta, y después de unos mates, cumplir con las visitas domiciliarias. Estos compromisos los realizaba con su tradicional voiture, una coupe Ford para dos personas que fue uno de los tantos automóviles que tuvo, pero al parecer el más querido. No andaba solo, siempre junto a él su fiel asistente, el Fox Terrier.
Nicolás González, Santiaguito Mandirola y Salvador Sallarés.
El 16 de mayo de 1963 fallece, cubriendo a los vecinos de una profunda tristeza; se había ido el hombre que marcó una época en la historia de Florencio Varela.
En el velorio que se realizó en el Honorable Concejo Deliberante resultó incesante el desfile de personas de todas las condiciones sociales, deseosas de rendir tributos. En la historia de los pueblos hay hombres que han dejado su legado signado por la honradez, su vocación profesional más allá de lo convencional y sus ideas políticas, marcando a fuego su nombre y su prestigio por todos los tiempos. El Dr. Salvador Sallarés; mucho se ha escrito sobre este hombre que vivió si se quiere un tiempo romántico de nuestra ciudad. Un tiempo de balcones floridos dibujando el paisaje donde los parroquianos en los atardeceres tomaban mate en la vereda y umbrales. Cientos de anécdotas viven en el corazón de quienes lo conocieron, de sus correligionarios, y de sus “enemigos” políticos, que en la distancia lo recuerdan con el cariño que teje el tiempo en el corazón de los hombres de bien. El mayor homenaje que el pueblo le pudo haber brindado, es que hoy la calle donde vivió lleve su nombre. Hoy para los jóvenes que andan su vereda quizás no están enterados que pisan baldosas embebidas en rastros de la historia, veredas que caminó un hombre ilustre, un hombre humilde que se llamó Salvador Sallarés. 
En la historia de los pueblos hay hombres que han dejado su legado signado por la honradez, su vocación profesional más allá de lo convencional y sus ideas políticas.

 

El pueblo acompaña a su morada final al Dr. Salvador Sallarés. Un día de dolor en una de las manifestaciones populares más sentidas y masivas.

 

 

 

 

 

Recopilación Casa de Teja

Archivo Fotográfico Hugo Morbelli