¿HAY ALGO PARA PICAR?

 

   Es la pregunta más renuente en la mayoría de los hogares a la media mañana, cerca de la merienda, o al regresar del trabajo. Un efecto desconocido hace que apenas entran a casa el destino sea la heladera.

 

 

A tener en cuenta:
   La orden del cerebro es comer algo rico pero rápido. Aquí van 4 atenuantes para que tengas al alcance.
   Aceitunas en frasco. Generalmente mientras continúa la búsqueda, unas sabrosas aceitunas calman el primer embate. Una buena aceituna debe poseer una pulpa delicada y firme, piel fina y ofrecer fácil desprendimiento del carozo.
   Fiambres. En lo posible en cantidades racionadas y livianos como jamón cocido o lomito. Es ideal dejar junto al paquete, rebanadas de pechuga de pollo que generará más saciedad. El jamón cocido es un alimento que, no se caracteriza por un sabor pronunciado y que resulta fácil de masticar y de digerir. Desde un punto de vista nutricional, contiene abundantes proteínas sin ser graso ni muy calórico, aporta tres veces menos calorías que el paté de cerdo y cuatro veces menos que el chorizo pero también un inconveniente: su excesivo contenido en sodio.
   Huevos hervidos pelados y enteros. Cuando un huevo hervido es fresco la cascara, se separa casi sola y el color amarillo de la yema depende del tipo de alimentación que recibió la gallina, si es rojizo, habrá sido a maíz. Podes ver si el huevo duro es fresco con un secreto, cuanto más fresco es el huevo mas al medio estará la yema. El huevo duro, genera mayor saciedad que frito o poché.
   Quesos. Mejor semiduros a duros bien estacionados y fuertes y en pedazos medianos. Mucho sabor y más tiempo de masticación.
   Por último, es muy útil contar con maní con cáscara en tazones en una mesa al alcance de todos.
   La fruta es otra opción pero para gente que controla más la ansiedad, igualmente el intento nunca estará de más.